la sucia Dicen que
cierta noche un joven de un pueblo de Santa Barbara salió de su casa a visitar
una muchacha que le gustaba, la verdad es que él estaba muy enamorado. Se quedó
con la muchacha hasta pasadas de las 9:00 pm. Cuando regresaba a su casa, al
cruzar por una quebrada (riachuelo) vio a una joven lavando su ropa por lo que
debido a que era de noche y que no había nadie más alrededor trató de seducirla
sin que la muchacha le correspondiera y manteniéndolo ignorado sin darle la
cara.
Él, abusivo y al sentir el desprecio de la
joven, trató de abusar de ella , sujetándola con fuerza y trató de apartar la
enorme cabellera que le cubría el rostro de la mujer sin resultado alguno. La
mujer se soltó de él y apenas alcanzó a escuchar un ligero sollozo de ésta,
pero el hombre no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad de seducirla.
Se disculpó por el forcejeo y le dijo que lo
único que quería era un beso por lo que la mujer asintió con la cabeza y él se
acercó a ella, apartando su pelo para dejar al descubierto su rostro y poderlo
besar. Haciendo esto se escuchó el mayor alarido que garganta humana puede
escuchar y el hombre salió corriendo volviéndose loco en el acto, y lo único
que exclamaba era que había visto una mujer con cara de monstruo y con un
aliento pestilente.
Hoy en día se dice que esta mujer se le aparece
a los hombres mujeriegos en sitios solitarios de su camino y es muy conocida
como La sucia por su costumbre de aparecerse lavando ropa sucia.
el sisimite Al igual que sus parientes
de las nieves, el yeti del Tíbet y el bigfoot de EEUU y Canadá, el sisimite es
otra de esas criaturas que aparecen de la nada y desaparecen del mismo modo.
Según el investigador hondureño Jesús Aguilar Paz, el sisimite o itacayo
deambula por las altas montañas y habita en inaccesibles cavernas,
alimentándose de frutas silvestres, de la misma manera que sus parientes cercanos
de México y Argentina, el peludo y el ucumar respectivamente.
"Estos monstruos secuestraban a mujeres, y
se las llevaban a sus cuevas. Se dice que de esta unión nacieron
hombres-simio". Aún se comenta en los pueblos de las montañas la
historia de una mujer que logró huir del escondite donde vivía con un
sisimite.Según cuentan, la criatura la persiguió cargando con los tres hijos
que habían tenido en común y enseñándoselos a la madre. Ésta logró cruzar un
río mientras la bestia, desde la otra orilla, le mostraba a los pequeños para
lograr atraerla. Al parecer, los intentos del sisimite no surtieron efecto, de
tal modo que, enfurecido, arrojó a los niños al agua y perecieron ahogados. El fraile italiano Federico Lunardi, uno de los
más importantes estudiosos de la cultura hondureña, asociaba esta criatura al
dios Chac de los mayas, "el que sostiene el cielo, el dios del agua".
Según Lunardi, la creencia popular sostiene que en el interior de una de estas
cuevas, en una pared, están grabadas "la mano con sus dedos" y varias
huellas que habían dejado los sisimites que acudían a media noche a la caverna
para afilar sus uñas en la roca.
el come lenguas En los años 50, en Nacaome, al sur
de Honduras, una misteriosa criatura causaba pavor a los lugareños. En
Literatura oral de la Zona Sur (Tegucigalpa, 1996), Karen Ramos y Melissa
Valenzuela describen cómo varios campesinos observaron un ave gigantesca
sobrevolando las haciendas de dicha localidad. Según estos mismos testigos, al
día siguiente de los avistamientos se encontraron algunas reses muertas en
extrañas circunstancias. Un campesino asegura que vio cómo la criatura atacaba
a un toro usando su cola, semejante a una gruesa serpiente, para estrangular al
animal y, finalmente, arrancarle la lengua. Sin embargo, esta descripción no
concuerda con otros relatos en los que se asegura que el misterioso animal,
bautizado con el descriptivo nombre de comelenguas, no dejaba signos de
violencia tras sus ataques. En aquella época, muchos hacendados se quejaban de
la pérdida de ganado vacuno. Invariablemente, las reses aparecían muertas, con
la lengua cortada de raíz y las quijadas dislocadas. También se recogió informaciones semejantes a
miles de kilómetros de distancia en el estado de Goias (Brasil). Los casos
ocurrieron en los años 40 y presentaban características similares a los que tuvieron
lugar en Honduras. Estas mutilaciones recuerdan a las que han sido relacionadas
con el fenómeno OVNI o con el ya célebre chupacabras. Un pariente cercano al comelenguas es el
pájaro-león, que atemorizó a los habitantes de la región de Sabanagrande. Según
la tradición, esta bestia, descrita como un ave de grandes dimensiones y pico
enorme, devoraba o enloquecía a quienes tenían la desgracia de cruzarse en su
camino.
el
timbo A
principios de siglo XX, un molesto visitante merodeaba por los cementerios de
la región de Sabanagrande y Texiguat. Se trataba del timbo, una criatura
profanadora de tumbas que se alimentaba de cadáveres y que también era conocida
como sacamuertos o comemuertos. Dicho ser, de aspecto similar a un perro de
hocico pronunciado, caminaba sobre dos patas, poseía un vientre abultado y
pelaje rojizo. A esta inquietante descripción se añadían unos brazos
extremadamente largos y unas enormes garras que le servían para arrancar raíces
y cavar sepulturas. Para cubrir su rostro y su horrible piel vestía como los
franciscanos de Roma. Así también se le dio el nombre de el berdugo negro. la llorona Se dice que existió una mujer indígena que tenía un romance con
un caballero español. Fruto de esta pasión, nacieron tres niños, que la madre
atendía siempre en forma devota. Cuando la joven comienza a pedir que la
relación sea formalizada, el caballero la esquivaba, quizás por temor al que
dirán. Dicho y hecho, un tiempo después, el hombre dejó a la joven y se casó
con una dama española de alta sociedad. Cuando la mujer se enteró, dolida y
totalmente desesperada, asesinó a sus tres hijos ahogándolos en un río. Luego
se suicida por que claro, no soporta la culpa.Desde ese día, se escucha el lamento lleno de dolor de la joven
en el río donde esto ocurrió. Luego de que México fuera establecido, comenzó un
toque de queda a las once de la noche y nadie podía salir. Es desde entonces
que dicen escuchar un lamento cerca de la plaza mayor, y que al ver por las
ventanas para ver quien llamaba a sus hijos de forma desesperada, veían una
mujer vestida enteramente de blanco, delgada y que se esfumaba en el lago de Texcoco.